sábado, 8 de enero de 2011

Los hombres que no amaban a las mujeres… ¡la chica que pateó su trasero!



Hay que aceptarlo, cuando uno pasea por la librería y ve un libro con el título “Los hombres que no amaban a las mujeres” se imagina una novela con el mensaje oculto de superación personal, de aprender a quererse como mujer y salir adelante en un mundo machista. Eso pensé yo muchas veces, hasta que este libro y sus dos continuaciones llegaron a mis manos y dije “vamos a ver de qué trata”.
Desde la primera página me di cuenta de lo equivocada que estaba y empecé a arrepentirme de haber empezado. Hay que aceptar que las primeras páginas son algo tediosas, entiendo que es una forma de dar contexto sobre el personaje de Mikael Blomkvist, este periodista en desgracia envuelto en un caso de difamación. Recuerdo ir por la página 20 y decir “Dios, todavía me faltan dos libros iguales”. Pero como dice la canción “la necedad parió conmigo” así que me resigné y continúe. De eso no me arrepiento.
La presentación de Lisbeth Salander es el núcleo de la trilogía del Milenio. Con sus tatuajes, piercings y actitud acercate-bajo-tu-propio-riesgo, Salander se convierte en uno de esos personajes que amas desde la primera línea, como hombre te sientes atraído a su look rebelde, como mujer a su actitud independiente. Esta joven hacker y su maravillosa habilidad informática es, en mi muy sincera opinión, uno de los personajes literarios femeninos más interesantes que me haya topado en muchísimo tiempo y sé que tardará en aparecer otra igual.
Más que hablar de este libro en particular, es necesario hablar de los personajes creados por Stieg Larsson a lo largo de su trilogía. Cuando uno ya esta en las garras de Salander por ser una mujer tan dueña de sí, en el segundo libro nos vamos encontrando con cada vez más mujeres poderosas. En este libro los hombres juegan su papel, pero son las mujeres las que llevan las riendas de la historia, ya sea por la protagonista o la colega de Blomkvist, Erika Berger, o las muchas mujeres policías que se van integrando en esta maraña de complots, crímenes y demás. Hay para todos los gustos y para todas las personalidades. Para mi, entre Erika y Lisbeth tengo y me sobra.
Lo único que sigo sin poder comprender, que bien puede ser justificado por la predominancia de mujeres en la historia, es el poder que tiene Blomkvist sobre toda mujer que se le acerca. Desde un inicio se le describe como un galán, pero llega a ser molesto que a penas le lanza una mirada a esas mujeres fuertes de las que hablé en el párrafo anterior, estas caen rendidas a sus pies sin pensarlo. Ese aspecto hace que en momentos uno odie al periodista, pero por desgracia, se acaba cayendo en sus encantos.
A lo largo de la historia de estos libros, Larsson toca de una forma entre sutil y directa la discriminación y violencia de la que son victimas las mujeres; la descripción de la violación en el primer libro es desgarradora pero eje central de muchas cosas que pasan después. Ayuda a darnos cuenta que no importa que sea Suecia, México, Estados Unidos, Japón, las mujeres tienden a estar en posiciones vulnerables.

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