sábado, 26 de enero de 2013

Eufemismos de altura


De un tiempo para acá me he vuelto fan de los eufemismos que usan los políticos, gobernantes, autoridades, o como les quieran llamar, para darle la vuelta a las cosas y hacer tontos no sólo a los ciudadanos, sino a los propios reporteros que coleccionan las declaraciones que se acumulan en sus grabadoras.
Uno de los primeros, que siempre presumo al ser uno de los mejores juegos de palabras son los Proyectos de Prestación de Servicios (PPS), los cuales, por definición consisten en la firma de un convenio a largo plazo entre un ente de gobierno y un inversionista privado para brindar un servicio público, como sería la construcción de infraestructura o otro tipo de atención que requiera la población, y las autoridades se comprometen a pagar en el largo plazo el servicio brindado por la empresa (más detalles http://www.shcp.gob.mx/EGRESOS/ppi/Paginas/Preguntas_Frecuentes.aspx).
Si se analiza el significado de este tipo de convenios, estos se pueden considerar como una deuda, si se toma en cuenta lo que dice el diccionario de la Real Academia Española: “Obligación que alguien tiene de pagar, satisfacer o reintegrar a otra persona algo, por lo común dinero”.
Pero, ¡oh, Jebús te ayude si publicas la palabra “deuda” al referirte al PPS firmado por el gobierno de Puebla para la construcción del Centro Integral de Servicios, ese juguetito de cerca de tres mil millones de pesos que Rafael Moreno Valle inauguró en su segundo informe de labores! Antes de que la nota esté publicada ya tienes en tus manos una carta aclaratoria del área de Finanzas del ejecutivo estatal, en donde se puntualiza que un PPS no es una deuda.

Juegos de altura con el teleférico de Puebla
Ahora hay un nuevo juego de palabras que me tiene cautivada. Desde septiembre de 2012 empezaron los rumores, “el gobierno del estado quiere construir un teleférico en la zona de los fuertes”. Primero pensé que era una broma, un borregazo soltado entre copas que alguien tomó en serio. Hasta que se volvió serio.
Un día, de buenas a primeras una casa del Barrio del Artista, en el corazón del Centro Histórico, fue demolida para construir una de las bases del teleférico. Ahí vino el primer eufemismo del gobierno del estado: “la casa ya no era histórica porque hace unos años fue intervenida para la instalación de un drenaje”. Si ese es el criterio, creo que ni las pirámides son históricas, porque se han hecho instalaciones eléctricas.
Al poco tiempo salió a la luz de que la llamada Casa del Torno sí estaba dentro de catálogo de monumentos del INAH; entonces salió el segundo juego: “bueno, la reconstruiremos tal y como estaba”. ¿Será?
Pasa el tiempo, y un grupo de investigadores logran obtener un amparo para detener las obras del teleférico por sus daños al patrimonio. Sin embargo, la resolución del juez fue clara, solamente se suspenden las obras que pudieran afectar el inmueble ubicado en la calle 8 Norte número 414; sí, se le dio protección a una casona que fue demolida meses antes. Los demás trabajos pueden continuar.
Por parte del INAH, la dirección nacional del instituto reconoce que no hay permisos, pero durante una visita a Puebla, el titular del organismo, Sergio Raúl Arroyo uso el mejor eufemismo del mundo: las obras están tan avanzadas que ya no podemos echar para atrás el proyecto, pero vamos a vigilar que no hagan más afectaciones.
Traducción: ¿quieren vaselina con eso?
Pero quienes se llevan las palmas en este juego de palabras son las autoridades municipales. Desde el inicio han dicho “dimos permisos para trabajos preliminares, que implica hacer trabajamos de limpieza, estudio y demás”.
Mantuvieron ese discurso mientras demolían la casa, mientras se elevaba la estructura, mientras el tema se lleva a la corte: “dimos permisos preliminares, no de construcción”.
En una ocasión el propio secretario de obras del ayuntamiento dijo en una entrevista que se les había permitido iniciar los trabajos formales aún antes de pedir las licencias de construcción, como una forma de ganar tiempo, solamente hacían falta los cálculos estructurales y los permisos del INAH. Poca cosa para una estructura de 70 metros de alto en zona de monumentos.
Semanas después, el funcionario rechazó haber dicho eso, y se mantuvo firme de que no se ha dado autorización para el proyecto.
Ahora bien, la gran pregunta es: sino hay permisos ¿por qué no han cancelado el proyecto?, eufemismo de respuesta: “hay buena comunicación con el gobierno del estado y estamos colaborando para que no haya problemas”.
Sin embargo, este fin de semana el secretario soltó un juego de palabras muy interesante, que fue el que me hizo ver que para ser gobernante hay que ser un experto en decir lo que no quieres decir sin decirlo para poderte escudar.
El secretario dijo algo que el amparo que obtuvieron los investigadores sólo detiene las obras en el Barrio del Artista, y pueden continuar en los otros tres puntos que son intervenidos.
Pero, el ayuntamiento no puede dar permisos para una parte de la obra nada más; las autoridades municipales no pueden fraccionar una obra, tal y como lo hizo la autoridad judicial. O sea, en palabras más claras: aún cuando el gobierno del estado tenga autorizado seguir con los trabajos en los otros puntos del teleférico, estas obras no son legales ante el ayuntamiento.
Aún cuando el secretario dijo claramente eso, nadie vio el fondo: no hay permisos por parte del ayuntamiento, no hay permisos por parte del INAH, pero van a seguir la construcción.
Traducción: ¿quieren vaselina con eso?
Los juegos de palabras de estos nuestras autoridades, todos tienen la misma traducción “hagan como quieran, que nosotros haremos lo que queramos”. 

Torres en la zona de los furtes de Loreto y Guadalupe

Sangre y música: la esencia de Tarantino

Un hallazgo entre mis cajas sin desempacar me hizo recordar una de las características fundamentales del cine de Quentin Tarantino, que siempre lo tengo presente al ver sus cintas, como fue el caso de Django Unchained la semana pasada (excelente película, por cierto) o simplemente cuando por cosas de la vida vienen a la mente escenas clásicas del director, pero tardas en darte cuenta que ese detalle está ahí.
Las historias bizarras con exceso de violencia, los monólogos como el del significado de Like a Virgin, con el cual abre su primera película “Reservoir Dogs”, y cantidades de sangre monumentales que sacarían de sus casillas al propio Jesucristo en Viernes Santo. Estos son los sellos de Tarantino, los cuales enmarcados con soundtracks especialmente escogidos crean este género especial que lo destacó como uno de los directores favoritos del cine de culto desde el inicio de su carrera.
La música. ¿Cómo no enamorarse de la música de las películas de Tarantino? O más bien, ¿cómo separar las cintas de Tarantino sin esas canciones hoy clásicas?
Un poco con esa idea, comparto algunas de las rolas de las películas de Quentin Tarantino que no puedo sacar de mi discografía mental.