lunes, 16 de julio de 2012

Confesión de una yunkie de transparencia

Tengo una confesión que hacer: soy una adicta a la transparencia. En mis ratos de ocio tiendo a meterme a la página de transparencia del ayuntamiento de Puebla (fuente que cubro para el medio que trabajo), o simplemente me sumerjo en el maravilloso sistema Infomex del gobierno estatal para leer respuestas a solicitudes públicas, solamente para conocer y darme idea de sacar temas.
Si bien todos los portales tienen sus deficiencias, es interesante echarles un ojo y de pronto encontrar  una que otra rareza que pueden servir para desarrollar temas más a profundidad, y si, sé que este comentario me hace sonar extremadamente ñoña, pero no me importa.
Pero claro, como toda relación, mi amor con Infomex no empezó muy bien que digamos. Tenía a penas 15 días trabajando en medios poblanos cuando mi entonces jefa me pidió que pidiera una información por medio de transparencia al Colegio de Bachilleres de Puebla. Era el miércoles antes de semana santa de 2011 cuando abrí mi cuenta, escribí mis preguntas, dí aceptar, y comenzó el suplicio.
Después de ahí fueron meses de meter recursos de revisión, volver a formular las preguntas para poder darle la vuelta a los candados de la institución, visitas al IFAI para pedir ayuda, para que al final de cuentas, a principios de 2012 recibiera un correo en donde se me notificaba que no me podían dar la información de ninguna manera.
Ya para esas alturas esa primera solicitud había quedado casi olvidada, y seguí haciendo la lucha como quien pelea por una relación que sabes en realidad es insalvable. Ya había metido otras tantas solicitudes tanto al gobierno del estado como al municipio, y es un vicio que simplemente ya no puedo evitar.
Sin embargo, mis malas experiencias me han permitido crear un par de tips para aquellos que recién empiezan a hacer uso de estos sistemas, o simplemente quienes lo hacemos con frecuencia pero se nos olvidan ciertas cosas:
1) Nunca, nunca, nunca pidas algo que pueda sonar a información personal, eso siempre lo podrán usar en tu contra y después de una larga espera de entre dos y cuatro semanas te pueden rechazar todo. En ocasiones sirve que pongas NO PIDO INFORMACIÓN PERSONAL, pero en otras lo pueden ignorar por completo, es un riesgo que hay que tomar.
2) Revisa siempre tus preguntas antes de mandarlas, una mala sintaxis puede hacer que la información que pides no sea la correcta. Ejemplo, hace unas semanas pedí información sobre una licitación que lanzó el ayuntamiento, pregunté la empresa ganadora, los servicios contratados, pero en vez de poner "¿Por cuánto dinero se contrató a la empresa?" o "El contrato que se le dio a la empresa, ¿a cuánto asciende?" o cualquier otra variación de la pregunta, puse "¿Cuánto se invirtió en este proceso?"; obviamente la respuesta fue "nada".
3) Estar pendiente de las fechas. Cuando una solicitud de información es negada, y consideras que no tiene razón, puedes meter un recurso de revisión, pero para este solo tienes un par de días luego de que recibes la respuesta, después de ese plazo no hay forma de exigir respuesta y tienes que volver a iniciar el proceso.
Después de todo este debraye, la pregunta puede ser "¿por qué me gustan tanto los portales de transparencia?", uno puede pensar que los gobiernos solo publicarán lo que les conviene en sus portales, y las solicitudes tardan mucho. Pero en lo personal, lo veo como una herramienta periodística fundamental, y es el mismo ímpetu de reportero que te ayuda a encontrar una nota en todas esas bases de datos.
Sé que la transparencia no es solo para reporteros, es en sí para la ciudadanía en general, pero no puedo separar una de la otra, soy reportera, ciudadana y adicta a la transparencia, no hay una sin la otra, así que no puedo verlo de otra manera.

domingo, 8 de julio de 2012

La perra de Plavov

Nota: el siguiente es un pequeño debraye de ficción


Condicionamiento. Lo queramos o no, pero nuestro subconsciente nos domina, y el condicionamiento es cosa de todos los días.
Recuerdo perfectamente cómo inició mi problema. Después de un año con mi ex, un día tuvimos que terminar, porque simplemente nos dimos cuenta que queríamos cosas diferentes.
Para despedirnos tuvimos una noche especial, compramos cosas para cocinar, música y una dosis intensa de sexo. El único detalle es que con cada beso y caricia que nos dábamos, yo sabía que el final se acercaba, y en vez de sentir el placer de siempre me entró un sentimiento diferente, que ahora es común para mí, aunque todavía no defino qué es.
Acabamos sudados y abrazados, y mientras él jugaba con mi cabello yo aguantaba las lágrimas, no podía echar a perder nuestra última vez juntos.
Por un tiempo logré sacarlo de mi vida, hasta que un día me encontré en la calle a una conocida de los dos, y me dio la noticia: él, mi hombre, estaba viviendo con otra, una mujer que conoció dos semanas después de nuestro último encuentro.
Al principio no supe cómo reaccionar, el resto del día en el trabajo estuve en un estado de shock, no podía comprender qué había pasado.
Por la noche, estando sola en mi cama con la luz apagada comencé a llorar. Por mi mente pasaron todos los momentos que pasé a su lado, y de pronto apareció él, tal y como en nuestro último encuentro, lamiéndome, mordiéndome, estrechándome en sus brazos mientras me penetraba.
Sin darme cuenta, mi mano ya estaba en mi vagina, y entre los gemidos de mi llanto se mezclaron los que me generaba el recuerdo de ese último momento de placer que tuve a su lado. Al llegar al climax regresó ese sentimiento extraño, esa mezcla de felicidad, depresión, satisfacción y soledad.
Ahí comenzó el declive. Ese día me di cuenta que la única forma para poder dejar de llorar por él era masturbarme, o de preferencia tener relaciones con alguien más. En sí, para calmar las lagrimas, necesitaba un orgasmo.
Sí, al principio lo hacía para olvidarme de él, pero con el tiempo se volvió una necesidad física. Cada vez que me sentía deprimida o triste por cualquier cosa, ya fuera algún problema en el trabajo, un libro, alguna tragedia familiar, tenía que buscar a alguien que me diera placer, o buscar un lugar donde yo misma pudiera hacerme cargo del asunto.
Pero claro, esto también funciona a la inversa. Una vez que me olvidé al fin de aquel intenté iniciar alguna relación seria, y las pocas veces que me he arriesgado con alguien, cuando al fin nos vamos a la cama termino llorando, pero no de placer, eso creo que les gustaría más. Después del orgasmo comienzo a llorar inconsolable, sin saber por qué. Simplemente el placer y la tristeza se han vuelto un solo sentimiento para mi.
Después de muchos meses ya había perdido la esperanza, pensé que no tenía cura y que así ningún otro hombre me iba a querer. Esto obviamente me causó un estado de depresión gravísimo, con su consecuente libido al máximo.
Fue en este estado que lo conocí. No puedo describir qué es lo que me hace, pero no sólo ha sabido sobrellevar mi condicionamiento, sino que lo aprovecha al máximo, para beneficio de los dos.
¿Recuerdas cómo cuando eras pequeño y llorabas tu mamá te decía “sigue y te voy a dar algo para que llores de verdad”? Digamos, en resumen, que esa es la postura que él toma conmigo, y la verdad, nunca había estado tan deprimida como ahora. Y lo amo.

sábado, 7 de julio de 2012

Ataques musicales de nuestro subconsciente


A todos nos ha pasado. De pronto estamos concentrados en cualquier actividad de nuestra vida diaria, ya sea en la regadera, cocinando o caminando hacia el trabajo, cuando llega el ataque.
De la nada, nos damos cuenta que estamos tarareando ESA canción que nos ha estado acosando últimamente, y sabemos que no podremos dejar de cantarla en todo el día, muchas veces muy a nuestro pesar.
Este fenómeno es conocido en inglés como “earworm”, o sea, “gusanos de oído”. Si bien se han hecho muchos estudios con respecto a este lapsus mental, hasta la fecha no se sabe a ciencia cierta qué es lo que provoca que una canción se nos pegue en la cabeza, ni las formas para poder sacarla una vez que ya está dentro.
De acuerdo a algunos de estos estudios, los earwoms tienden a ser molestos una tercera parte de las veces, aunque claro, depende de cuál sea la canción que tengamos pegada en la cabeza, o lo que nos recuerde esta melodía en especial.
En un articulo escrito por Octavi Planells (disponible en inglés aquí), se explica que las razones por las que una canción se nos pega depende mucho de nuestras circunstancias personales.
En el estudio al que refiere el artículo, se identificaron estados psicológcios y emocionales relacionados con determinados earworms. Además, se refiere que las experiencias personales y nuestra forma de ser también son factores que influyen en la persistencia en nuestras mentes de determinadas canciones.
Otros investigadores sostienen que una de las características principales de los earworms es que éstos tienen patrones repetitivos o algún sello partícular en su tonada que hacen que se amarren más fácilmente a nuestros recuerdos.
Algunos de los remedios “caseros” que se proponen para poder olvidar algunas de estas canciones son escucharla hasta que te la memorices o simplemente escuchar cualquier otra canción con la finalidad de reemplazar la canción molesta.
Yo prefiero aprovechar otro de los consejos, que es pasar nuestro earworm a otras personas, por lo tanto, los dejo con la canción que me ha estado acosando desde hace semanas.


lunes, 2 de julio de 2012

Reflexiones de la resaca electoral

Nota: Sé que este post me merecerá innumerables mentadas de madres y comentarios encendidos, de esos que predominan en este ambiente post electoral, pero hay cosas que simplemente se tienen que sacar del pecho.

Antes de empezar he de confesar: este domingo 1 de julio no voté. Pueden decirme que fue por apatía política al no cambiar mi credencial de elector a tiempo y seguir con la que saqué en Villahermosa, pese a ya llevar más de un año en Puebla. Pueden decirme que fue irresponsabilidad por no irme a formar desde temprano a las casillas especiales, pero por desgracia tenía que trabajar en la cobertura, y no me pude desprender.
Sea como sea, acepto que fue mi error, irresponsabilidad, apatía, y en general fue mi culpa el no haber podido votar. Por esto mismo, no me siento con la calidad moral para quejarme del resultado. Sí, no es el que esperaba, aunque no me sorprende. Ninguno de los candidatos era mi gallo, pero al parecer las cosas pudieron ser mejor para todos. Pero, reitero, no me puedo quejar porque no participe.
Así pues, este pequeño texto no es para lanzar comentarios en contra del IFE, del PREP, de los candidatos, de las manifestaciones, del acarreo, compras de votos, y un larguísimo etcétera de las cosas que inundan esta resaca electoral.
Lo que busco simplemente es lanzar una pregunta: además de votar, ¿qué más has hecho para alcanzar el cambio?
Todos hablan acerca de como de haber ganado López Obrador se hubiera alcanzado el cambio real en el país, hubiera mejorado las condiciones de vida de todos. Pero en un sentido micro, personal, de la realidad del día a día, ¿qué hacemos para mejorar?
Hay cosas tan sencillas que sirven para generar un cambio, porque uno mismo puede llegar a ver la reacción en las demás personas.
¿cuándo fue la última vez que le cediste tu asiento a una señora o persona de la tercera edad en el transporte público? ¿cuándo fue la última vez que, mientras manejabas tu coche, le diste paso al peatón, recordando esa regla básica de la civilidad? ¿cuándo fue la última vez que ayudaste a un viejito a cruzar la calle? ¿cuándo fue la última vez que separaste tu basura? ¿le has dado por lo menos un vaso con agua a la gente que llega a pedir ayuda a tu casa? ¿das los buenos días/tardes/noches cuando te topas a tus vecinos?
Son cosas tan sencillas, que no requieren grandes manifestaciones, pero que en el momento que las haces puedes ver ese pequeño impacto, normalmente representada en la cara de incredulidad de la gente ante el hecho de que alguien esté retomando este tipo de acciones.
Pueden parecer simples, pueden decir que no ayudan en nada. Pero si tenemos esta idea de que los políticos nos quieren chingar, ¿por qué chingarnos nosotros mismos?
Los cambios se pueden, pero toman tiempo, y mientras esperamos podemos poner nuestro granito de arena con cuestiones tan sencillas pero con un gran impacto,
Parafraseando una frase que me gusta mucho de El Señor de Los Anillos, solamente puedo decir que "hasta las acciones más pequeñas pueden cambiar el curso del futuro".

sábado, 30 de junio de 2012

Scott Pilgrim y el manual para las relaciones amorosas...



Todos tenemos equipaje emocional, ya sea por nuestras propias inseguridades o por las malas experiencias del pasado, pero siempre al entrar en una nueva relación amorosa es importante poner todo de frente, y estar dispuesto a luchar con los demonios internos tanto del nuevo compañero/a y de uno mismo.
El problema es cuando el pasado de tu nueva novia viene a querer matarte.
Esta es en sí la premisa de Scott Pilgrim Vs. The World, película basada en el comic del mismo nombre escrito por Bryan Lee O'Malley, en la cual Scott (Michael Cera) tiene que luchar en contra de los siete ex's de Ramona (Mary Elizabeth Winstead) para poder mantenerla a su lado.
La historia tiene infinidad de referencias a comics, videojuegos, grupos musicales, lo que la hace un ícono de la cultura geek en general.
Más allá de las peleas entre el personaje principal y sus enemigos, en donde salen a relucir espadas y movimientos de artes marciales impresionantes, además de estar representados como enfrentamientos de videojuegos clásicos, la historia se puede ver en un plano más realista.
Cuando conocemos a una persona que nos atrae y entablamos una relación, tenemos que enfrentarnos a su pasado, a los recuerdos de las otras parejas, quienes pueden llegar a amenazar la relación simplemente por el impacto que dejan en cada uno.
Las parejas más viejas son las más fáciles de derrotar, pues si bien siguen en la memoria ya no están tan aferrados, pero mientras más reciente es la relación más complicada se vuelve la lucha.
Es cuando nos enfrentamos al ex inmediato, la persona con la que anduvo el objeto de nuestro interés antes de nosotros cuando la cosa se vuelve más difícil, pues los recuerdos siguen latentes y siempre tendrán una forma de meterse en la cabeza.
Es así, como Scott elimina uno a uno a los ex novios, hasta que aparece Gideon, el hombre que le rompió el corazón a Ramona y ella regresa.
Al final, Scott enseña a los espectadores una pieza clave para cualquier relación: para poder luchar por alguien más, tenemos que luchar primero por nosotros mismos, por sanar las heridas que traemos para poder entrar de lleno en otra relación. En sí, tenemos que recuperar ese amor propio antes de manifestar amor por alguien más.
Y esto es solo en referencia al pasado de Ramona, pero Scott no se queda atrás. Mientras se desarrolla la historia vamos conociendo de su pasado, de la chica que le rompió el corazón, y las cicatrices que esto le deja, como la inseguridad por su cabello largo. 
Ese es uno de los elementos fundamentales que, a mi parecer hacen de Scott Pilgrim una historia que vale la pena leer, o por lo menos ver en la película, ya que logra combinar lo geek con lo emocional, lo cual es la receta perfecta para esta geeky little girl.

miércoles, 27 de junio de 2012

Un buen reportero es...



Por cuestiones personales llevo un par de días preguntándome qué es lo que hace a un reportero bueno, un poco en una postura de autocrítica al trabajo que llevo desempeñando, de manera formal, desde hace poco más de un año.
Hoy, en un arranque de ocio, y de ganas de dejar de pensar en otras cosas, le hice a dios esta pregunta -uso la palabra “dios” con minúscula para no afectar susceptibilidades pues me refiero a la deidad moderna Google- y su respuesta coincidió con el precepto que tengo.
El primer link que me apareció correspondía a una entrevista que se le hizo a una periodista chilena Mónica González en la cual ella detalla que: “ojos y oídos bien abiertos y sin anteojeras, convicción de que eres una herramienta de los ciudadanos para informarse y un ego bien domesticado”, son las características de un buen reportero.
Además, llamó la atención su explicación sobre para qué sirve el periodismo: “Para que los ciudadanos no se queden sordos, ciegos y mudos a merced del poder y el crimen organizado”, lo cual aplica para los tiempos electorales y la realidad en general del México en el que vivimos.

En otro link me encontré una lista que he decido pegar en la puerta de mi cuarto, como un recordatorio constante. En este sitio, se hace una breve reseña de un libro sobre el periodista Javier Restrepo, quien ha enfocado mucho de su trabajo en los análisis éticos de esta profesión.
Con base a sus conocimientos, y posturas de otros grandes reporteros, Restrepo generó el siguiente decálogo:
El buen periodista debe ser, ante todo, una buena persona;
El buen periodista debe estar orgulloso de su profesión;
El buen periodista tiene un sentido de misión en su ejercicio profesional;
El buen periodista es un apasionado por la verdad;
El buen periodista es autocrítico;
El buen periodista elabora conocimientos y los comparte;
El buen periodista hace periodismo con un objetivo;
El buen periodista tiene el sentido del otro;
El buen periodista es independiente;
El buen periodista mantiene intacta su capacidad de asombro.

¿A dónde me lleva todo esto?
Bueno, tomando en cuenta esto, solo queda preguntarme ¿cómo voy?
Antes que nada, doy gracias a que en ninguna de las descripciones que leí del buen periodista se mencionaba el tener un “temperamento controlado”, porque en ese caso yo hubiera quedado fuera de la clasificación hace mucho.
Decir que uno es bueno o no puede ser un arma de dos filos. De responder lo primero se puede llegar a sonar egolatra; de responder lo segundo uno es su propio peor enemigo.
En mi caso, sólo puedo decir con seguridad que cumplo con al menos dos características del decálogo: estoy orgullosa de mi profesión y soy autocrítica, aunque si, lo acepto, muchas veces soy demasiado crítica y tardo en perdonarme los errores que llego a cometer.
Más que definir si entro en la clasificación de una “buena reportera”, esta duda va más en el sentido de encontrar líneas, ideas que me ayuden a mejorar, a pulir esos pequeños detalles que me faltan, porque sé que hay un largo camino por recorrer, y esta profesión es un aprendizaje diario.

sábado, 23 de junio de 2012

De Thriller y tiempos más sencillos


Podrá sonar raro el comentario, pero pese a lo trillado Thriller de Michael Jackson es una canción muy buena. La letra y la música tienen una simpleza que a la vez representa un gran ingenio. Ya sé, la vida de Jackson estuvo llena de muchos dramas y escándalos, pero hay que aceptarlo, no por nada el hombre fue lo que fue.
Ayer iba en un camión rumbo a mi casa, cuando escuché la canción por la millonésima vez en mi vida, pero está fue de las pocas veces que la aprecié, ¿la has escuchado con calma? La música no cambia, sigue la misma tonada a lo largo de los casi seis minutos que dura, y la letra no es más que un homenaje a todas las películas de terror que han encantado a generaciones, para rematar con una excelente línea para ligarse a alguien. Simplicidad y genialidad en su máximo exponente.
¿Por qué lo digo? Porque a diferencia de la música que se escucha hoy en día, no requiere de grandes efectos, ritmos acelerados y cachondos ni letras que giran en torno a salir y cogerse a todo lo que se mueva o ponerse hasta las manitas de borracho. Con su simplicidad, la canción logró hacer bailar a millones en los ochentas en las discos, fiestas y demás, para lo cual Britney Spears requiere encuerarse e invitar a la gente embarrarse unos a otros para alcanzarlo.
Escuchándola, la canción me hizo recordar tiempos más sencillos, no sólo en el ámbito de la música, sino en mi vida personal. Automáticamente mi mente viajó a mi infancia, y la primera imagen que se proyectó en mi mente fue mi especial de Halloween favorito: Garfield y Odie vestidos de piratas intentando encontrar un tesoro escondido pero terminan siendo acosados por fantasmas.
Sin embargo, pese a mis intentos, no logré recordar más momentos así de sencillos de mi infancia, la cual considero un poco plana y sedentaria, pero mi mente dio un brinco de muchos años, aterrizando a exactamente hace un año.
El 22 de junio del año pasado, para ser precisa. De acuerdo a mis estimaciones, ese día fue cuando me robaron mi computadora subiéndome a un camión. Tenía poco menos de tres meses de haber regresado a Puebla a trabajar, y dos meses cumplidos laborando en medios.
En ese momento no me di cuenta, y creo que es hasta ahora que lo hago, pero en ese momento cambiaron muchas cosas.
Aprendí que bien o mal, pese a los amigos que sé que me apoyarán, estoy lejos de casa y eso implica estar sola, por lo que hay que buscar la forma de sobrellevar ciertas cosas. Aprendí a ver con otros ojos a una persona que se volvió especial para mi. Aprendí a que pese a que te caigas, tienes que sacar el trabajo adelante, y arreglar los asuntos sobre la marcha. Y sobretodo, aprendí que mis especiales tengo que respaldarlos.
Si bien ese junio ya mi vida había cambiado radicalmente a lo que era, seguían siendo tiempos más sencillos a lo que es hoy en día. Sé que la Shanik que se quedó llorando a mitad del bulevard por su computadora no es la misma que hoy escribe estas líneas, aunque sé que aún hoy en día haría lo mismo.
¿Qué le diría a esa versión de mi? Prepárate para un año lleno de estress, trabajo, desveladas, sufridas, mal comidas, lagrimas, muchas lagrimas, corazones rotos, pleitos, encuentros con excelentes compañeros y amigos. En sí, prepárate para vivir uno de los mejores años de tu vida.
Y sí, muchas veces quisiera regresar a esos tiempos más sencillos, en los cuales canciones como Thriller se convertían en clásicos sin necesidad de exagerar, en los que mi mayor preocupación era a dónde salir por las noches, pero son las pequeñas complejidades de la vida las que les dan sabor, esos retos que tenemos que superar día a día.
Es bueno recordar esos tiempos, pero no cambio por nada lo que estoy viviendo ahora, y si quiero viajar de regreso a ellos, solo tengo que recurrir a Michael.