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viernes, 18 de abril de 2014

Los retos de la nueva etapa

Cada vez parece que los momentos que dedico para escribir en este espacio son más esporádicos, pero las últimas semanas -casi meses- han estado llenas de cambios y mi cabeza no se había podido sentar a reflexionarlos.
Tuvo que ser esta mañana que el universo y la tierra me dieron una sacudida de 7.5 grados en la escala de Ritcher que dije "momento, esto esta pasando".
Desde el inicio de este 2014 las cosas han sido diferentes y si no diferentes han traído cosas buenas. 
Con pasos lentos y muy inseguros me voy adentrando a esto que dicen es la madurez, aunque claro el proceso nunca es fácil y nunca es indoloro.
Fue hasta esta mañana que al salir de la casa por el temblor, vi la puerta de mi casa, mi primer rincón propio, vi que en mis manos traía las llaves de mi carro, y me di cuenta que a pesar de las dificultades las cosas van bien.
Hay complicaciones, si, hay vecinos jijoeputas que no entienden la idea de convivencia y hacen todo para joderte la vida -entiéndase no respetar tu lugar de estacionamiento-, pero son las cosas que tenemos que enfrentar.
Así que, a agarrarse los ovarios, darle un sorbo al café y enfrentar las nuevas aventuras que trae esta nueva etapa.

sábado, 17 de agosto de 2013

Memorias de una mañana en el CIS

En la página de internet el trámite parece sencillo. Se proporciona un listado de los documentos que debes  presentar, acta de nacimiento, IFE, comprobante de domicilio y hacer el pago.

Se presume que en 20 minutos uno llega y sale; esta es una de las bondades del Centro Integral de Servicios (CIS), la sede de gobierno que Rafael Moreno Valle estrenó durante su segundo informe de gobierno a principios de este año, el cual serviría para que los ciudadanos puedan hacer todos sus trámites bajo un solo techo, en menos tiempo y más eficiente. Esa era la promesa.

Poco antes de las nueve se empieza a ver a las primeras personas reuniéndose fuera de la puerta de cristal, como si fuera una barata en el centro comercial que se encuentra enfrente, pero aquí en vez de buscar las mejores prendas, uno quiere la primera ficha, el primer lugar, para salir lo antes posible y aprovechar el resto del día.

Media hora después el lugar está repleto. Uno llega, se presenta en la recepción, se le da una ficha para pasar al primer modulo, el primer escalón de un largo recorrido. Con ansías uno ve el boleto que le tocó en esta lotería, el cual tiene el número 115, y voltea a la pantalla la cual anuncia alegremente el turno 45.

De pronto una mujer se para enfrente de las filas de sillas donde esperan los afortunados del día. De manera rápida muestra un formato extraño y dice que todos deben tener ese papel dentro de su documentación, de lo contrario tendrán que presentar su CURP y RFC.

Asustado un joven se acerca a la señorita y le dice que no tiene ninguno de los tres requisitos que acaba de mencionar. Con desgano la servidora señala al modulo de Actas de Nacimiento y dice “mi compañera de ahí te puede ayudar a imprimir tu CURP”.

Con pasos rápidos para no perder su turno, el joven de alrededor de 30 años llega frente a la “compañera” que, según, sería su salvación. Le explica lo que le dijo la otra señorita, ella ni alza la mirada, estira la mano para pedir la ficha para atenderlo, al no tenerlo le dice que tiene que regresar a recepción para pedir su turno para poder imprimir lo que quiere. Los números en el monitor avanzan.

Una persona que ya pasó por lo mismo ve su desesperación y le dice que con tener los números es suficiente; rápidamente saca su smartphone y consigue los datos, los apunta en una hoja justo a tiempo para pasar a la primera ventanilla. Sabe a victoria

En este lugar entregan el formato de pago. Ya son las 11 de la mañana. Ahora hay que pasar a la sucursal de Banamex, única forma de pago disponible porque la terminal de tarjetas de crédito no tiene servicio. El banco cobra cinco pesos de comisión, la fila crece con el paso de los minutos.

A las 11:35 uno vuelve a entrar al recinto, disfruta la cantidad de luz que entra por los ventanales y el aire fresco que se siente, a pesar de que la gente sigue llegando y es poca la que sale.

La fila curveante para las Cartas de Antecedentes No Penales parece un juego de “A la víbora de la mar”, empieza pegada a unas computadoras en las que los ciudadanos -y quienes reciben un salario por dar servicios al público- tienen que escribir datos personales.

La cola de personas se extiende formando un espiral, el cual avanza lento, mientras todos portan en sus manos el turno que les corresponde, aquí un señor del DF tiene el número 149, junto a él una joven de 27 años que es maestra tiene el 163, y después de ella un hombre mayor tiene el 123. Una joven se acerca a quien organiza la fila para preguntar si no hay problema con que su número este revuelto, este la ve con ojos vacíos y dice “no”.

Pasan los minutos en esta vuelta. Dan las 12:45 cuando toman la foto y las huellas digitales. La mujer encargada del modulo porta un gafete en el que sale sonriente, pero en la vida real ni las bromas que le hacen las personas que pasan frente a ella hacen que su boca deje de abrirse y cerrar para masticar su chicle.

A la 1 de la tarde uno sale a la luz, con papel en mano, los pies cansados, el estomago vacío, y un día a punto de empezar.

jueves, 23 de mayo de 2013

Puebla ¿comunidad segura?

"Puebla es una ciudad segura". En los poco más de dos años que tengo viviendo en Puebla y trabajando en medios he perdido la cuenta de cuántas veces he escuchado esta expresión.
"Puebla es una ciudad segura", nos repiten hasta el cansancio gobernantes, secretarios, funcionarios públicos; no así los presidentes de cámaras de comercio, quienes denuncian una y otra vez los atracos en comercios y a clientes.

"Puebla es una ciudad segura", me dijeron cuando, con tan sólo tres meses de vivir en aquí, una mañana de julio me abrieron la mochila al subirme al transporte público y me sacaron mi Mac; la denuncia se presentó pero nada pasó. Incluso el propio secretario de Seguridad Pública Municipal designó a un elemento policíaco a que me llevara a esos puntos que tienen identificados donde se vende la mercancía robada, pero de mi lap blanca, nada.
"Puebla es una ciudad segura", se escuchó por ahí cuando a una compañera fotógrafa le robaron su equipo una mañana en la zona del Centro Histórico; la amenazaron con una navaja en plena calle.

"Puebla es una ciudad segura" se lee en algún periódico mientras a una amiga la asaltan a dos cuadras de su casa; los delincuentes se llevaron su cartera, el iPhone de su trabajo y su calma.
"Puebla es una ciudad segura" dicen por ahí, cada vez que alguna amiga llega a contarme como en el camión le sacaron la cartera o el celular del bolso.
"Puebla es una ciudad segura", aseguró el gobernador una vez más pese a que en lo que sería el asalto a cuentahabiente número cuarenta y algo del año (aproximadamente) un joven de 24 años falleció.

Claro, Puebla se verá como una ciudad segura si se compara con Veracruz. Es como decir que un niño de cinco años tiene menos vicios que un joven universitario de 19.
Si se ve así, claro que Puebla es una ciudad segura. No hay más qué decir.

sábado, 18 de mayo de 2013

Historias de Taxis I


"Buenos días, señorita. No se preocupe por los niños de atrás, son mis hijos. Ya sabe, hoy no hay clases y no tengo con quién dejarlos, por eso acá los traigo. Saluden, niños. 
Oiga, ¿usted no es de aquí verdad? Si, se nota, las poblanas son... ¿cómo decirlo?... No tímidas... Son cerradas. Cuando les hablas ni te responden. ¿Va al trabajo? ¡Qué bueno que trabaje, señorita, que se esté haciendo su camino en este mundo! 
Sí, mis hijos son muy tranquilos, se entretienen con lo que ven por la ventana del carro. Ahí en la semana los llevo a la escuela, los paso a recoger, los llevo a comer a la casa y me los traigo a trabajar; eso sí, regreso temprano a la casa porque tienen que hacer tarea. Ya después en la tarde le doy un rato más, y al día siguiente lo mismo. Sí, es complicado pero tenemos que salir adelante. Tenemos que salir.
¿Yo? Soy de la zona entre Oaxaca y Puebla, me vine a estudiar hace muchos años para ingeniero agrónomo, quería estar en el campo, pero un día agarré el taxi y dije “esto sí me deja” y ahí me quedé. De eso ya unos 15 años.
El taxi sí deja pero es caro. Sólo las placas cuestan unos 300 mil, por eso las mías las rento, pero el coche sí es mío.
Ay, señorita, cómo me gustaría encontrarme una tabasqueña como usted, se ve que son bien abiertas y amables. Le digo que yo soy de provincia, pero cuando me vine a Puebla me casé con una de aquí. No aguantó. Nos dejó hace como dos años. Sí, se fue y me dejó a los niños. Tenían dos y cinco años. Pero ahí los ve, estamos bien a pesar de todo. Sí, están felices porque siempre están con su papá.
Aquí estamos, señorita. Son 60 pesos. Me llamo David, espero verla otro día. Niños, despídanse de la señorita. Que tenga buen día, mucho gusto conocerla".

sábado, 27 de abril de 2013


Porque sé que un día regresaré a ese rincón entre tu pecho y tu hombro, en el que mi cabeza encaja como pieza de rompecabezas.
Ese pequeño espacio en el que tu olor y el mío se mezclan y el ambiente huele casa.
Ese refugio en el que me escondo del estrés, la preocupación, el dolor, la soledad y todas mis inseguridades.
Pero el camino se complica, no sé cómo regresar, o si es que alguna vez estuve en verdad ahí.
Sólo sé que debo seguir el aroma, esa esencia a la ilusión de lo que fue, de lo que puede ser.
Porque sé, que detrás de esa sombra está el rincón al que sin conocerlo algún día regresaré.

sábado, 26 de enero de 2013

Eufemismos de altura


De un tiempo para acá me he vuelto fan de los eufemismos que usan los políticos, gobernantes, autoridades, o como les quieran llamar, para darle la vuelta a las cosas y hacer tontos no sólo a los ciudadanos, sino a los propios reporteros que coleccionan las declaraciones que se acumulan en sus grabadoras.
Uno de los primeros, que siempre presumo al ser uno de los mejores juegos de palabras son los Proyectos de Prestación de Servicios (PPS), los cuales, por definición consisten en la firma de un convenio a largo plazo entre un ente de gobierno y un inversionista privado para brindar un servicio público, como sería la construcción de infraestructura o otro tipo de atención que requiera la población, y las autoridades se comprometen a pagar en el largo plazo el servicio brindado por la empresa (más detalles http://www.shcp.gob.mx/EGRESOS/ppi/Paginas/Preguntas_Frecuentes.aspx).
Si se analiza el significado de este tipo de convenios, estos se pueden considerar como una deuda, si se toma en cuenta lo que dice el diccionario de la Real Academia Española: “Obligación que alguien tiene de pagar, satisfacer o reintegrar a otra persona algo, por lo común dinero”.
Pero, ¡oh, Jebús te ayude si publicas la palabra “deuda” al referirte al PPS firmado por el gobierno de Puebla para la construcción del Centro Integral de Servicios, ese juguetito de cerca de tres mil millones de pesos que Rafael Moreno Valle inauguró en su segundo informe de labores! Antes de que la nota esté publicada ya tienes en tus manos una carta aclaratoria del área de Finanzas del ejecutivo estatal, en donde se puntualiza que un PPS no es una deuda.

Juegos de altura con el teleférico de Puebla
Ahora hay un nuevo juego de palabras que me tiene cautivada. Desde septiembre de 2012 empezaron los rumores, “el gobierno del estado quiere construir un teleférico en la zona de los fuertes”. Primero pensé que era una broma, un borregazo soltado entre copas que alguien tomó en serio. Hasta que se volvió serio.
Un día, de buenas a primeras una casa del Barrio del Artista, en el corazón del Centro Histórico, fue demolida para construir una de las bases del teleférico. Ahí vino el primer eufemismo del gobierno del estado: “la casa ya no era histórica porque hace unos años fue intervenida para la instalación de un drenaje”. Si ese es el criterio, creo que ni las pirámides son históricas, porque se han hecho instalaciones eléctricas.
Al poco tiempo salió a la luz de que la llamada Casa del Torno sí estaba dentro de catálogo de monumentos del INAH; entonces salió el segundo juego: “bueno, la reconstruiremos tal y como estaba”. ¿Será?
Pasa el tiempo, y un grupo de investigadores logran obtener un amparo para detener las obras del teleférico por sus daños al patrimonio. Sin embargo, la resolución del juez fue clara, solamente se suspenden las obras que pudieran afectar el inmueble ubicado en la calle 8 Norte número 414; sí, se le dio protección a una casona que fue demolida meses antes. Los demás trabajos pueden continuar.
Por parte del INAH, la dirección nacional del instituto reconoce que no hay permisos, pero durante una visita a Puebla, el titular del organismo, Sergio Raúl Arroyo uso el mejor eufemismo del mundo: las obras están tan avanzadas que ya no podemos echar para atrás el proyecto, pero vamos a vigilar que no hagan más afectaciones.
Traducción: ¿quieren vaselina con eso?
Pero quienes se llevan las palmas en este juego de palabras son las autoridades municipales. Desde el inicio han dicho “dimos permisos para trabajos preliminares, que implica hacer trabajamos de limpieza, estudio y demás”.
Mantuvieron ese discurso mientras demolían la casa, mientras se elevaba la estructura, mientras el tema se lleva a la corte: “dimos permisos preliminares, no de construcción”.
En una ocasión el propio secretario de obras del ayuntamiento dijo en una entrevista que se les había permitido iniciar los trabajos formales aún antes de pedir las licencias de construcción, como una forma de ganar tiempo, solamente hacían falta los cálculos estructurales y los permisos del INAH. Poca cosa para una estructura de 70 metros de alto en zona de monumentos.
Semanas después, el funcionario rechazó haber dicho eso, y se mantuvo firme de que no se ha dado autorización para el proyecto.
Ahora bien, la gran pregunta es: sino hay permisos ¿por qué no han cancelado el proyecto?, eufemismo de respuesta: “hay buena comunicación con el gobierno del estado y estamos colaborando para que no haya problemas”.
Sin embargo, este fin de semana el secretario soltó un juego de palabras muy interesante, que fue el que me hizo ver que para ser gobernante hay que ser un experto en decir lo que no quieres decir sin decirlo para poderte escudar.
El secretario dijo algo que el amparo que obtuvieron los investigadores sólo detiene las obras en el Barrio del Artista, y pueden continuar en los otros tres puntos que son intervenidos.
Pero, el ayuntamiento no puede dar permisos para una parte de la obra nada más; las autoridades municipales no pueden fraccionar una obra, tal y como lo hizo la autoridad judicial. O sea, en palabras más claras: aún cuando el gobierno del estado tenga autorizado seguir con los trabajos en los otros puntos del teleférico, estas obras no son legales ante el ayuntamiento.
Aún cuando el secretario dijo claramente eso, nadie vio el fondo: no hay permisos por parte del ayuntamiento, no hay permisos por parte del INAH, pero van a seguir la construcción.
Traducción: ¿quieren vaselina con eso?
Los juegos de palabras de estos nuestras autoridades, todos tienen la misma traducción “hagan como quieran, que nosotros haremos lo que queramos”. 

Torres en la zona de los furtes de Loreto y Guadalupe

Sangre y música: la esencia de Tarantino

Un hallazgo entre mis cajas sin desempacar me hizo recordar una de las características fundamentales del cine de Quentin Tarantino, que siempre lo tengo presente al ver sus cintas, como fue el caso de Django Unchained la semana pasada (excelente película, por cierto) o simplemente cuando por cosas de la vida vienen a la mente escenas clásicas del director, pero tardas en darte cuenta que ese detalle está ahí.
Las historias bizarras con exceso de violencia, los monólogos como el del significado de Like a Virgin, con el cual abre su primera película “Reservoir Dogs”, y cantidades de sangre monumentales que sacarían de sus casillas al propio Jesucristo en Viernes Santo. Estos son los sellos de Tarantino, los cuales enmarcados con soundtracks especialmente escogidos crean este género especial que lo destacó como uno de los directores favoritos del cine de culto desde el inicio de su carrera.
La música. ¿Cómo no enamorarse de la música de las películas de Tarantino? O más bien, ¿cómo separar las cintas de Tarantino sin esas canciones hoy clásicas?
Un poco con esa idea, comparto algunas de las rolas de las películas de Quentin Tarantino que no puedo sacar de mi discografía mental.


 


 






miércoles, 19 de diciembre de 2012

Reflexiones del fin que viene


Una vez más me encuentro sentada en un café cerca del fin de año, a unos días del supuesto cumplimiento de las profecías mayas, del fin del mundo tan anunciado desde años y años atrás, al cual hemos sobrevivido por suerte o errores de cálculos de la gente de antes.
Uno no puede evitar sentarse a reflexionar sobre el último año de vida, y en caso de que en verdad sea el fin de nuestra existencia pues también vemos los últimos 27 años (en mi caso al menos).
Pienso en lo que he logrado (poco, bueno, malo, regular), en los amigos conocidos y afianzados este año, en las relaciones que se desvanecieron en el trayecto, en los viajes, en los nuevos rincones encontrados, en las lagrimas derramadas en la privacidad de mi cuarto, en mis mudanzas, en los proyectos inconclusos, en los proyectos que continuarán, en los nuevos ideales, en los que se esfumaron.
Pienso en tanto y en nada a la vez, mientras veo cómo los minutos poco a poco nos acercan al final. 
Laboralmente siento que este año crecí un poco, en gran parte gracias a las experiencias que me trajo el trabajo, los temas y las personas que conocí en estos pequeños pasos que apenas estoy empezando a dar.
En lo que respecta a la vida personal no puedo hablar con el mismo orgullo, extraño a esos que por razones se alejaron en este tiempo, pero también pienso en lo que se puede lograr con un poco de esfuerzo.
Pero no me frustro mucho, porque si algo tiene de alentador la famosa profecía de mis paisanos sureños, es que en estos días es el fin de una época, un momento de cambio en la energía que nos rodea.
Entonces, lo mejor que podemos hacer es montarnos en la nueva ola que viene, si esto es un cambio en el entorno espiritual que nos rodea (y no, no me refiero a un tema religioso, sino en cuanto a las fuerzas de la naturaleza que están en todas partes), hay que aprovecharlas, tomar el ejemplo que nos dejaron los mayas para cambiar y emprender nuevos retos. 
Viéndolo así, yo si espero el fin, porque como dicen, todo final es un nuevo comienzo.

domingo, 16 de diciembre de 2012

La mala fama del reportero: una crítica ganada a pulso

El reportero siempre ha tenido una mala imagen. Chayotero, viciado, vicioso, carente de ética, revuelca comunicados, egolatra. Estos son tan sólo algunos de los adjetivos que siempre se le han adjudicado a quienes trabajamos en los medios.
Y la verdad, cada vez más me doy cuenta que esto no es de gratis, si la gente nos ve con esa imagen es por algo.
Hay quienes buscan redimir al oficio ante los ojos de los demás, quienes mantienen un código de ética, tratan a la gente como personas, le echan ganas a su trabajo, entre otras características (que en lo personal, me gustaría pensar que entro en este grupo).
Sin embargo, hay otros, quienes por sólo tener una grabadora o micrófono y salir en la cámara se creen semi dioses, y piensan que pueden pasar por encima de los demás.
Este domingo fue la inauguración de la Ciudad Mágica en Puebla. Al término del evento me dirigí a la puerta por dónde había ingresado unas horas antes, pero al ver que la gente nada más entraba me acerqué con una de las señoras vestida con las playeras del DIF para preguntarle si podía salir. 
Amablemente la señora me comentó que no se podía, porque en los accesos había contadores de gente, por lo que la salida estaba del otro lado del parque.
Tras bromear con ella de que me brincaba el contador, ella me dijo que momentos antes un reportero de cierta televisora llegó muy altanero a querer salir por ese acceso. Cuando ella le dijo que no podía y le bloqueó el paso, el tipo en cuestión dijo “yo paso porque paso” e intentó empujar a la señora, quien tendrá más de 60 años.
Ante esto, ella decidió acompañarlo a un rincón por donde estaban sacando a las personas de la tercera edad que dejaban el recinto.
“Hay formas”, me dijo la señora, ya no tan molesta como estuvo en un principio, pues dijo que salió ganando, al acompañar al joven del brazo hacia la salida para personas mayores.
¿Por qué pasa eso? ¿Por qué uno sólo por tener un logotipo en especial en su playera se cree que puede empujar y aplastar a al gente que solamente hace su trabajo?
Los reporteros no somos más que nadie, eso es algo que debemos tener presentes. Es más, nosotros en sí trabajamos para la gente, estamos en esto porque lo que queremos es brindarle a las personas información que de alguna manera les puede ser útil. La gente no está para darnos, sino nosotros para dale a la gente, al menos así lo veo.
Una grabadora no te hace más que alguien más, es más una grabadora no te hace reportero. Hay muchos casos de gente que sólo está en esto por la imagen, por verse interesante, por reconocimiento, pero lo que son las personas y hasta la propia información son lo de menos.
Es por gente así que los reporteros nunca seremos bien vistos, porque los que finalmente un boleador de zapatos siempre tendrá mayor respeto que nosotros, y la verdad, viendo cómo son la mayoría, no culpo a las personas de tacharnos como seres sin valores.
Lo único que queda, al menos desde mi punto de vista, es seguir intentando sacar el mejor trabajo posible, mantener esos patrones internos, ese tacto con las fuentes, ese cuidado de lo que hacemos, entregar lo mejor de una misma a este oficio, con la finalidad de que, al menos en una pequeña medida, demostremos que no todos somos iguales.

martes, 11 de diciembre de 2012

¿Por qué los reporteros no usan los sistemas de transparencia?

Entre las curiosidades que uno se encuentra ñoñenado en las páginas del gobierno del estado hace unos días me topé con un reporte de las solicitudes de información que se han presentado hasta septiembre de este año, y hay un par de datos que llaman la atención.
Primero que nada, es interesante y hasta alentador para los que somos partidarios de que la gente haga uso de su derecho a la información, el ver que tan sólo en nueve meses se metieron 3, 297 solicitudes de información por vía de Infoex al gobierno de Puebla, esto es más de 350 al mes en promedio.
Además, para levantar un poco el orgullo de género, más de la mitad fueron solicitudes hechas por mujeres, otra parte mayoritaria por hombres y 56 fueron a nombre de organizaciones sociales.
Sin embargo, un detalle que me llamó la atención es que, a diferencia de lo que uno puede pensar, los periodistas no son quienes más usan el sistema Infomex para obtener información.
Del total de solicitudes del año, solamente 154 fueron hechas por reporteros, lo cual pone a los trabajadores de los medios muy por debajo de los estudiantes en el uso de Infomex, pues éstos hicieron 356 solicitudes hasta septiembre del año.
Aún más, mi orgullo de mujer cayó un poco, cuando vi que las reporteras usan este medio de información menos que los hombres.
¿A qué se debe esto? ¿Por qué los reporteros dejan de lado esta herramienta de trabajo?
En una ocasión lo platiqué con una compañera, y me dijo que es la falta de tiempo, que uno se enfoca mucho al trabajo del día a día y no se pone a pensar en solicitudes.
Pero bueno, al menos en mi experiencia personal, los temas caen a lo largo del día. Ya sea en un evento, en una entrevista, hasta en el camión, de pronto uno se da cuenta que hay ese tema ahí pendiente. El sentarse a escribir la solicitud tomará máximo 15 o 20 minutos. La espera será mucho, pero vale la pena.
Esto me recordó una entrevista que vi en un libro, a la periodista Lilia Saúl Rodríguez, quien sugería meter una solicitud de información a la semana, de esta forma al final del año serían 52. Algunas no serían contestadas, otras a medias, pero finalmente tendrías un buen compendio de información, y unos materiales bien trabajados.

jueves, 18 de octubre de 2012

Lo que la televisión me ha enseñado...


Cuántas veces no hemos escuchado que la televisión programa a la gente, que los programas violentos generan violencia, y tantas otras teorías funcionalistas de la comunicación, las cuales nos dicen que nuestro actuar está influenciado por lo que vemos en los medios.
Pensando un poco en esto, me dio por ver qué conductas de mi vida actual son influidas por las series que más veo.
Un análisis exhaustivo tendría que considerar todos los programas que he visto a lo largo de mi vida, los cuales son innumerables, por lo que solamente tomaré en consideración los que entran mi lista de favoritos (dejando fuera varias).

How I Met Your Mother: Los amigos siempre estarán contigo, sobretodo si hay cerveza de por medio

Friends: Los amigos siempre estarán contigo, sobretodo si hay café de por medio

Glee: Cuando las cosas van mal, un poco de buena música ayuda

2 Broke Girls: No importa el dinero, mientras tengas una buena amiga (o amigo a tu lado)

Pushing Daisies: El amor es difícil, a veces imposible, pero nunca hay que dejar de luchar por él

Jericho: Cuando todo valga madres, hay que luchar y proteger a quienes queremos (aplicable para The Walking Dead)

Game of Thrones: No confíes en nadie

Wonderfalls: En vez de luchar contra lo que nos hace diferentes, tenemos que aprender de eso (aplicable para Scrubs)

sábado, 22 de septiembre de 2012

Definiendo agendas y periodistas

Una idea muy común que al parecer rige la gran mayoría de los medios de comunicación en México de unos años a la fecha es “la sangre vende”, lo cual cierra la puerta a tantos temas y formas de presentar la información que podrían enriquecer el modelo del periodismo nacional.
Esta fue la idea final con la que me quedé hace unos días cuando tuve la oportunidad de platicar por lo menos un par de minutos con dos comunicadores con una larga trayectoria nacional: Gabriela Warketin y Ricardo Raphael.
A pesar de que cada uno tiene su postura muy definida y una visión muy particular, en esencia dijeron lo mismo: hay que buscar nuevas formas de informar, y no cerrarnos a las posibilidades.

Hay que aprender a definir agendas
“Hay que salir de los lugares comunes” fue el primer consejo que me dio Warketin, quien resaltó la importancia de diseñar agendas informativas más abiertas.
En la agenda nacional se tiene una enorme variedad de temas, los cuales compiten entre si por los principales lugares en los medios, pero el que una nota no quede en portada no implica que haya sido ignorada, simplemente hay demasiada información y pocos espacios en dónde presentarla.
Hay muchas partes del país en las que hay conflictos sociales o ecológicos, por ejemplo el caso de Tetela de Ocampo en la Sierra Norte de Puebla, pero este tipo de temas suelen ser vistos como cuestiones muy locales, por lo que los medios de otras partes de México tienden a no ponerle mucha atención.
Uno como reportero, debe saber cómo poner este tipo de temas dentro de la agenda nacional, contextualizando la importancia que puede tener para el país o relacionarlo con problemáticas similares, de tal manera que la información salga de un pequeño espacio territorial.
“Pensemos en estrategias de comunicación en un mundo muy ruidoso”, sugirió la comunicadora, como podría ser el empleo de las redes sociales para generar interés sobre un determinado tema.


El periodismo fue domesticado en el siglo XX
Durante las últimas décadas del siglo pasado, para muchos era una pena presentarse como reporteros, porque en ese entonces se vivía en México con un periodismo “boletinero, sumiso, mal pagado y sometido”, como lo definió Ricardo Raphael.
Luego de venir de un siglo XIX en que el periodismo ayudó a la formación del país, a los largo de 1900 los reporteros se acostumbraron a ser mantenidos por el gobierno, por lo tanto, éste se acostumbró a dominar a los medios y callarlos cuando le pareciera.
Pero con la entrada del año 2000 la situación cambió, ahora muchos jóvenes otra vez ven la información como algo “digno”, y no se preocupan si pueden ganarse la vida haciendo periodismo, solamente lo quieren hacer.
Esta cualidad de la nueva generación ayudará a que en las próximas décadas el oficio vuelva a ganar reputación, aseguró el analista político.
Sin embargo, a pesar este nuevo ímpetu de los jóvenes periodistas, es importante no tomar posturas radicales en las que uno diga que su forma de hacer las cosas es mejor que la otra.
Esto lo dijo Raphael luego de que otra periodista dijera en un foro que “el periodismo de denuncia no es tan importante hoy en día”.
Ante esto, Raphael simplemente consideró severa la afirmación, aunque reconoció que en México prevalece este tipo de periodismo, mientras que hacen falta los trabajos de investigación.
Los géneros no están peleados, pero es una exageración cargarse hacia a uno o hacia otro.
“Todos quisiéramos ser Kapuściński y hacernos de un nombre teniendo una pluma linda, pero si sólo hubiera Kapuścińskis no habría periodismo, otros quieren ser Lydia Cacho y vivir en la denuncia, aventando información dolorosa, pero si solo hubiera esto no hubiera explicación de los hechos”.
Si bien en este oficio cada uno busca su especialización, los géneros no son excluyentes, uno debe saber encontrar esa situación que necesita ser denunciada, tiene que saber investigar la información y explicar los hechos.

jueves, 30 de agosto de 2012

Recuerdos catarinos

Para los hermanos de batallas pasadas...


Sonará cursi, pero hace cinco años perdí a uno de mis grandes amores. Ese recuerdo sigue plasmado en mi vida personal y laboral, y sigo definiendo ese tiempo como uno de los mejores de mi corta vida.
Por eso, cuál fue mi sorpresa cuando ayer una chica de 18 años me dijo que había escuchado de ella, una chava que cuando perdimos a aquella no debía tener más de 13 años sabía de mi amor, de mi escuela, de esa pequeña lucha que emprendimos hace unos ayeres.
Explico: este miércoles -curiosa coincidencia, ahora que lo pienso- un ex compañero de la universidad me invitó a dar una platica a los chicos de nuevo ingreso sobre la vida del reportero, y pues, no puedo hablar de mi vida profesional sin hablar de ella, La Catarina.
Intenté no echar muchas malas vibras a lo que es La Catarina actualmente, pues no quería decepcionar a estos chicos recién estrenados, pero una de ellas alzó la mano y me dijo que había investigado y le dijeron que el periódico universitario ya no era lo mismo que antes. Cinco años después de lo que consideramos su muerte, La Catarina de antes sigue siendo recordada.

La historia de ese entonces
Contextualizaré para los nuevos, para aquellos a quienes no he acorralado en eventos, borracheras o demás cuando sueltan la pregunta, que siento después se arrepienten de hacer después de que llevo media hora despotricando y no ven que me vaya a callar pronto: "'¿qué es (o fue) La Catarina?"
En 2001 la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UDLA estrenó un periódico estudiantil llamado La Catarina; a diferencia de otros proyectos similares, en este caso destacaba la palabra ESTUDIANTIL, lo que significaba que los propios estudiantes escogían los temas, reporteaban, editaban y diseñaban el periódico, con la asesoría de un profesor de la carrera, quien orientaba más que dar ordenes.
Entre 2001 y 2007 desfilamos por esa oficina, ubicada en el segundo piso del edificio de Sociales cientos de alumnos de todas las carreras, algunos seguimos dedicados al periodismo, otros andan en otros lares pero bien o mal, ese tiempo, ese paso por La Catarina dejó huella.
Sin embargo, la dirección de la  universidad entró en una contradicción grave, que más que afectarlos a ellos fue el inicio del fin para nosotros.
Uno de los temas principales que impulsa la UDLA es el pensamiento crítico, es de sus estándares educativos, al menos así lo fue en mis tiempos. Entonces, cuando un grupo de estudiantes con plumas, grabadoras y papel para imprimir aplicaron esa crítica hacia la propia institución ya no se les hizo tan buena política, sobretodo porque si bien nos consideraban niños jugando a ser periodistas, los reporteros de afuera veían nuestras notas como fuentes fideidignas de información.
La crítica se enfocaban las malas decisiones tomadas por el entonces rector de la universidad, Pedro Ángel Palou, las cuales llevaron al despido de profesores de muchas carreras, incluidos los mejores de la carrera de Comunicación, y a su relación con el gober precioso, Mario Marín Torres.
Como buen político disfrazado de escritor, Palou no aguantó y arrancó una persecución en contra del periódico y los estudiantes que se manifestaban en contra de él.
En el caso particular de La Catarina la fecha en la que todo se vino para abajo fue el 17 de enero de 2007, cuando nos expulsaron de nuestras oficinas y  nos arrebataron el periódico.
Se luchó y difundió el tema, y para mediados de febrero nos anunciaron con bombo y platillo que se nos regresaba el semanario, pero no las oficinas.
Los meses siguientes fueron difíciles, pues con el antecedente de la censura ya nadie nos quería dar entrevistas.
Así luchando llegamos al verano de 2007, cuando se nos "invitó" a "negociar" con el Consejo Estudiantil el funcionamiento del periódico para el siguiente semestre.
Los integrantes de consejo editorial acudimos a esas mesas de trabajo, en las cuales demostramos una fuerza sobrehumana para no mentar madres con las pendejadas que decían los supuestos representantes estudiantiles, pero aguantamos porque nosotros solo pedíamos una cosa: libertad de expresión.
Claro, esta nos fue negada y el periódico se nos arrebató de la forma más vil, imponiendo una línea editorial oficial que borraba la investigación que se solía hacer en el pasado.

El ahora...
Son cinco años desde entonces, cinco años desde que, quienes eramos parte del proyecto, perdimos una parte de nosotros mismos (repito, perdón si hago alusiones muy cursis, pero así fue y sigue siendo en mi caso), pero las heridas sanaron después de un rato, pero el olvido de lo que pasó, eso nunca.
Los catarinos, con el paso del tiempo hemos abogado por no olvidar, por no dejar que el recuerdo de lo que fue muriera, y ese comentario de esa chica ayer me hizo ver que no somos los únicos que estamos luchando por eso.
Al final de cuentas, La Catarina más allá de ser el periódico se convirtió en un tipo de hermandad, y aunque no hubiéramos estudiado juntos, siento que los de las primeras generaciones y los que estuvimos al final estamos unidos por la experiencia y esa pequeña oficina que era nuestro hogar.
En esas computadoras viejas hicimos nuestras primeras notas, editamos nuestras primeras planas, escogimos esas fotos legendarias de portada -como olvidar esa que ilustró la nota de la llegada de los Aztecas a la final del torneo de fútbol americano "Vuelan a la Final"-, esa oficina en la que hacíamos nuestros torneos de Sudoku mientras esperábamos las notas de los reporteros, ese rincón donde dormíamos entre clases, esas escapadas a hacer sondeos donde se estableció un comadrazgo.
Son muchos recuerdos, muchas anécdotas, mucho que contar de La Catarina, pero lo importante más allá del recuerdo que tengamos los que la vivimos, es que hay otros quienes hablan de ella, y eso debe reconfortarnos a quienes pensamos que la habíamos perdido para siempre.

lunes, 27 de agosto de 2012

Sobre las palabras y las formas en las que las empleamos


Los periodistas somos, indirectamente, parte del sector comercial de la sociedad, ¿por qué? Porque nuestro negocio es simple y llanamente el vender palabras, primero a nuestros jefes quienes luego las distribuyen entre los lectores de los medios en los que nos encontramos refugiados en ese momento.
Suena duro para los que somos puritanos del oficio, pero al final de cuentas es eso, un oficio, una técnica que tenemos todos para organizar estas combinaciones de letras, darles sentido, una lírica en ocasiones, buscando dar el mejor producto a nuestros clientes, o en ocasiones, haciendo las cosas con desprecio -que a veces ayuda, como son buen ejemplo las señoras que venden chalupas en la calle, ¡Dios, que manjar!-.
Es esta sobredosis de palabras a la que he estado expuesta últimamente, entre las que escribo y leo por trabajo, las que leo por ocio, las que pienso por obsesión, las que digo por impulso, las que guardo por recato, que no dejo de pensar en el verdadero poder que tienen éstas en nuestra vida.
Puede ir desde la cosa más básica, como un "hola" de esa persona puede darte buena vibra para todo el día, o el que esa misma persona pase a tu lado y no diga absolutamente nada llega a tener el efecto contrario tirando tus defensas al suelo aunque no lo demuestres al mundo exterior.
Hay otros casos, cuando una palabra se saca de contexto y una simple broma entre amigos puede causar una explosión en un pequeño ecosistema casero.
Viendo las cosas en un sentido macro, tenemos la retórica, el uso de determinadas palabras para manipular a los demás, o para dar un mensaje sin que sea detectable a simple vista -o, en este caso, oída-.
Hay quienes piensan que las palabras que decimos pueden cambiar nuestra realidad, son como una forma de condicionamiento de nosotros mismos y de nuestro entorno. Un ejemplo claro es cuando una mamá ve a su hijo correr como loco y le empieza  a gritar "¡chamaco, cálmate o te vas a caer!" lo más seguro es que el niño se caiga.
Es por eso que se recomienda cuidar mucho lo que decimos principalmente cuando nos referimos a nosotros mismos, esos tipos pensamientos de "no voy a conseguir ese empleo" lo más seguro es que nos generen que no lo obtengamos.
Cada palabra que decimos o escribimos tiene un efecto, ya sea positivo o negativo, en ocasiones ese resultado no lo podemos controlar, solo podemos esperar y aceptar lo que venga.
Por el temor a ese resultado, nos guardamos cosas, o por no querer esperar a ver qué sucede decimos más de lo que debemos, porque siempre se nos olvida que cada una es una pequeña bomba de tiempo y que no sabemos cuando podrá hacer reacción.

martes, 21 de agosto de 2012

"The Madding Crowd" de Nine Days

A lo largo de mis casi 27 años de vida he tenido gustos de música muy eclécticos, pasando del rock pesado, a mi temporada popera, a mis días de raver en la universidad, y así varios géneros musicales han entrado y salido de mis ipods, reproductores de mp3, cd's y computadoras.
Sin embargo, todos tenemos esos discos que son iconos en nuestras vidas, esos que escuchamos una y otra vez pero nunca hasta el cansancio, pues esas canciones son ya una parte de nuestro ser.
Uno de los discos más definitorios de mi repertorio musical es "The Madding Crowd" de Nine Days, un pequeño grupo estadounidense que creo que no hizo más que un par de albumes más, pero este fue el que llegó y se quedó.
Los conocí durante mi viaje de 15 años a Orlando. En el cuarto que me tocó compartir con las otras chavas en el hotel de Disney en el que nos quedamos siempre teníamos puesto un canal de música, principalmente porque mis compañeras no hablaban inglés.
Si alguien ve mis fotos de ese viaje, o las de mis años de pubertad verá una constante: no sonrío mucho. Esto era principalmente a los aparatos de ortodoncia que usaba en esos años y que en general estaba en mi etapa de "me vale la vida".
Así pues, la segunda noche en el hotel, me encontraba acomodando mis cosas cuando de pronto sonó en la televisión "this is the story of a girl, who cried a river and drowned the whole world, and while she looks so sad in photographs I absolutely love her when she smiles". En ese momento caí en uno de los clichés de las adolescentes y pensé "no manches, está hablando de mí".
Apunté la frase y el nombre del grupo, que además era otra señal (toda mi vida he estado obsesionada con el número 9). Regresando a México en la primera oportunidad que tuve me escapé a una tienda de discos y lo conseguí.
12 años después el cd físico sigue en mi cuarto aunque no tenga cómo escucharlo, las canciones siguen sonando en mi ipod y en mi computadora.
Puede no ser el mejor disco que se haya hecho, pero en mi perspectiva es una de esas veces en las que la simpleza de la música y las letras expresan demasiado.
El album sólo tiene 12 canciones, lo cual me regresa al tema de la simpleza: pocas rolas, música sencilla, letras directas y pegadoras. Eso para mi es un buen disco.
Me cuesta un poco de trabajo describir el disco, porque es detallar una parte de mí misma, solamente puedo decir que es un disco excelente, un poco de música noventera para salir del punchis punchis y reggeatoneo de hoy en día y volver a los días en los que dos guitarras, un bajo y una batería era todo lo que se necesitaba.
Aquí dejo una de mis favoritas, sobretodo por la frase "And you should never let the sun set on tomorrow before the sun rises today".

"If I am" Nine Days

lunes, 20 de agosto de 2012

Un amor rodeado de neblina


Hay lugares que simplemente nos llaman por alguna extraña razón y cuando tenemos la fortuna de visitarlos sentimos que alguna pieza dentro de nosotros hace click.
Este tipo de experiencias me han pasado dos veces en mi vida. La primera fue hace tres años cuando al fin, después de una obsesión que traía desde pequeña, visité San Francisco. En general California no me gustó mucho, pero no dudaré un segundo en volver a esa bella y fría costa, ir al muelle y tomarme un café irlandes.
El otro caso que me pasó recientemente fue más espontáneo y tal vez hasta inesperado. El nombre de Tetela de Ocampo había estado poco en mi radar en el tiempo que llevo viviendo en Puebla, hasta que comenzó la lucha de los habitantes de este pequeño pueblo de la Sierra Norte en contra de la explotación minera que se busca iniciar en sus cerros.
Desde Puebla escribí un par de notas al respecto, declaraciones de funcionarios y un poco de información que caía en mis manos, pero muchas veces perdí el concepto del tema y hasta confundí espacios y referencias.
Después de pensarlo mucho, sumando la necesidad de saber lo que escribía, una urgencia de escapar un segundo de mi realidad diaria y un proyecto pendiente que traigo un buen sábado me embarqué a Tetela.
En el camino me perdí viendo el bosque que separa al municipio de Chignahuapan (donde transbordé), tan encantada estaba con el paisaje, lleno de árboles y neblina, que las curvas de las que tanto me previnieron fueron simples movimientos de cámara para mostrarme una nueva perspectiva de este lugar.
Me bajé en el zócalo del pueblo mientras comenzaban los preparativos para la feria, al fondo se escuchaban los televisores de los comercios donde todo el mundo veía el partido de México contra Brasil, pero mi atención estaba en las pequeñas y estrechas calles empredradas, lo limpio del aire y la vibra de la gente.
Tal vez sea mi visión un tanto romántica del lugar, pero fue amor a primera vista. 
Tenía que buscar la casa del señor Germán, quien es de los líderes del movimiento contra la minera, y como es mi sana costumbre me perdí intentando seguir las indicaciones que me daba la gente, pero más que frustrarme fue una excusa para recorrer con calma esas callejuelas.
Encontré el lugar que buscaba y el amor siguió creciendo, un terreno con desniveles, una cancha de voleiboy, caballerizas y cabañas en renta, y verde, todo verde alrededor. Es un milagro que no haya pedido que me adoptaran en ese instante.
Entré al edificio principal, el cual solía ser un restaurante para los huéspedes de la cabañas, pero que en últimas fechas es el recibidor del señor Germán, quien en ese bodegón vaquero recibe a propios y extraños como si fueran amigos de años.
Pasé con él un buen tiempo platicando de la mina, de su vida, del campo, de los cerros, de los árboles, de los caballos. Tiempo después aparecieron otros compañeros reporteros, y ya reunida la improvisada comitiva, el señor Germán nos subió en su jeep y nos llevó a recorrer los cerros, La Cañada, las riveras del río Papaloateno y la boca de la mina.
A lo largo del recorrido mi mirada brincaba de los bosques de niebla, a las pequeñas casas humildes de La Cañada, a la iglesia de este barrio que salta a la vista en su blancura entre todo el verde que la rodea, y no podía más que pensar cómo alguien podría intentar romper con ese equilibrio, con esa paz y esa belleza.
Un día en Tetela fue todo lo que necesité. Desde entonces una parte de mi se siente ligada al pueblo, ya sea porque su lucha se me hace una de las pocas causas verdaderas que he escuchado en mucho tiempo, porque el pueblo me recordó una parte de mi, o simplemente la gente tiene una energía que te enamora.
Ya tiene más de una semana que fui, y si no había compartido la experiencia fue por cuestiones de tiempo, y porque tenía que digerir esas imágenes y sentimientos de alguna manera, pero aquí comparto tanto la energía que me dejó la visita, como algunas de las fotografías que tomé las cuales siento no le hacen justicia a mi amor envuelto en niebla.


Tetela de Ocampo



Barrio de La Cañada


Germán Romero

sábado, 18 de agosto de 2012

Anillos, robots gigantes y dragones, mis obsesiones de geek


Hace unos días una amiga me contó que los encargados de una tienda de tenis pensaron que era lesbiana. ¿la razón? De acuerdo a ellos, una mujer heterosexual no conoce la diferencia entre DC y Marvel.
Mi primera reacción fue reírme, y pensar en todas las mujeres que conozco que saben la diferencia entre las dos editoriales más conocidas de comics a nivel mundial, y que además pueden mencionar otras tantas no tan famosas y describir a sus superhéroes y personajes.
Pero después de pensar en el tema un par de días, me di cuenta que mis amigas que saben estos detalles y yo compartimos un aspecto en particular: todas somos geeks en algún nivel.
De unos años para acá pareciera que ser geek es ser cool, películas y series de televisión ahora le dan protagonismo a esos personajes incómodos socialmente, que se la pasan pegados en las computadoras o a sus consolas de videojuegos o leyendo comics, pero la verdad, ser geek requiere dedicación, no es sólo seguir una moda.
Vayamos por partes, primero es necesario describir qué hace a un geek. Normalmente este término es confundido con nerd, pero si bien un nerd casi siempre es geek, la cosa no se da a la inversa.
Un geek es alguien sumergido en la cultura popular, incluyendo películas, comics, videojuegos, anime, ciencia ficción, fantasía, y un larguísimo etcétera. Más allá de usar la computadora para trabajar, lee y busca información con respecto a sus gustos, socializa en las redes con personas que comparten sus intereses y es un adicto a la tecnología (ojo, esta es una definición a mi forma de ver las cosas, no lo considero algo definitivo).
Por ejemplo, en mi caso particular, hay tres temas que me hacen geekear. Uno, Lord of the Rings y la mitología de Tolkien en general. Dos, recientemente me metí en el mundo de A Song of Ice and Fire, la saga de fantasía del escritor George R.R. Martin, el nuevo objeto de mi amor y desprecio, porque de verdad, uno tiene que ser malevolo para crear personajes tan brillantes como los de estos libros para luego ir matándolos uno a uno. Quienes seguimos los libros debemos considerarnos masoquistas por disfrutar con placer este dolor que nos causa Martin, y esperar años para que nos dé la nueva dosis de frustración.
Y por último, Neon Genesis Evangelion. Este es un amor que data de mis años de secundaria, lo cual implica que tengo al menos trece años enamorada de esta historia que, debo reconocer, marcó mi vida hasta la fecha.
¿Por qué digo que me marca hasta la fecha? Porque en el 2001, en un viaje a Los Ángeles a visitar al tío que ya he mencionado anteriormente me compré varias figuras de acción de animes, en particular un Eva 01 que brilla en la oscuridad, el cual era edición exclusiva para ser vendida en Comic Con y en Wizard World.
Ese Eva tiene 11 años conmigo, y no ha salido de su caja, permanece colgado en la pared de mi cuarto y ha viajado conmigo en mis múltiples mudanzas, lo cual ha hecho que la caja esté un poco maltratada, pero no me importa. Sigue siendo my precious y cualquier sugerencia de abrirlo es impensable.
Este es sólo un ejemplo de la mentalidad del geek, y la verdad estoy en un nivel bajo, aunque bueno, al igual que millones de desadaptados en el mundo, mi sueño es un día ir a Comic Con y perderme entre los mares de gente vestida de Storm Troopers, vampiros, soldados, superhéroes y demás.
Por último, considero que para aquellos que quieran entender cómo piensa un geek, o si eres un geek y quieres sentirte identificado, recomiendo dos documentales:

Comic-Con Episode IV: A Fan's Hope


The People Vs. George Lucas